Al pie de la Cordillera de los Andes, en el oeste de la Patagonia, se alza una ciudad difícil de ser olvidada por quien la visita. San Carlos de Bariloche es obra de pioneros, hija de inmigrantes centro europeos que han encontrado en el faldeo del Cerro Otto, y a orillas del fabuloso Lago Nahuel Huapi, el lugar ideal para recrear las vivencias de la tierra natal. Está rodeada de las incomparables bellezas naturales de un Parque Nacional. Bosques vírgenes, altas montañas, profundos valles y lagos cristalinos son palabras insuficientes para describir su entorno.

Durante todo el año, turistas del mundo entero nos visitan.

En invierno, el Cerro Catedral, el centro internacional de ski más importante de América Latina, atrapa los amantes de los deportes sobre nieve. En verano, los deportes náuticos, el trekking a los refugios de montaña, el andinismo, la pesca de truchas y tantas otras actividades hacen reencontrar a los visitantes con la naturaleza.

El otoño es espectáculo de luz y color: amarillos y dorados, rojos y ocres, todos los azules. La primavera simplemente rocía flores sobre los prados y bosques. Todos los sentidos encuentran aquí estímulos delicados y profundos.

Quienes aquí trabajamos recibimos a diario su influjo. Respetuosa de su entorno, se ha levantado una industria regional de gran calidad y tradición. Ahumaderos, dulcerías, talleres artesanales, tejedurías, todas reconocen en las chocolaterías al líder en las preferencias del público.

Unas a otras se apoyan para hacer crecer a esta ciudad.